Tribuna de opinión extraída del periódico de octubre de mostoleshoy.com. Por fin, un metro a la altura de lo que somos
Quien haya nacido o se haya criado en Móstoles sabe muy bien lo que es esa sensación de estar a un paso de Madrid y, al mismo tiempo, sentirte a años luz. Cuántas mañanas de invierno hemos pasado en los andenes mirando el reloj con el estómago encogido, cruzando los dedos para que la C-5 no fallase o calculando si merecía la pena meterse en Metrosur para acabar haciendo ese transbordo interminable en Puerta del Sur cargado con la mochila, los apuntes o el cansancio del curro. Ser la segunda ciudad más poblada de toda la región y no tener ni un solo vagón que te lleve directo al centro de la capital era una espina clavada demasiado grande que la mayoría de los vecinos estaba deseando que viese la luz más pronto que tarde.
Y tras muchos años de espera y de lucha, la espera puede haber merecido la pena. La confirmación de que la Línea 10 llegará hasta aquí es una noticia que va mucho más allá de un plan de obras o de números sobre el papel. Es, ante todo, un triunfo de todos los vecinos. Son varias décadas de familias y jóvenes pidiendo algo tan básico como poder movernos sin tantas barreras. Saber que dentro de unos años te podrás montar en el metro en tu propio barrio y plantarte en Madrid sin tener que cambiar de tren te cambia el día a día por completo: es ganar tiempo para estar con los tuyos, quitarte agobios de encima y no depender de si la A-5 está colapsada o no o si hay una nueva avería en los trenes o en la infraestructura de Cercanías.
Lo que tanto tiempo se lleva pidiendo

Además, el impacto que esto va a tener dentro de Móstoles va a ser enorme. Es cierto que no se sabe con certeza dónde estarán colocadas las nuevas estaciones, pero por pura logística, todo indica que Villafontana será uno de los barrios más beneficiados. Y es que esta prolongación por fin abre la puerta a que zonas enteras dejen de estar aisladas. Lo mismo ocurre con quienes tienen que acudir a diario a los hospitales o los chavales que estudian fuera y pierden horas en el trayecto. Conectar el municipio con Alcorcón y Madrid a través de seis paradas nuevas y terminar el recorrido en Manuela Malasaña supone poner a nuestra ciudad en el lugar que le correspondía desde hace mucho tiempo.
Por supuesto que no es oro todo lo que reluce. Hablar de que las obras terminarán (presumiblemente) en 2034 significa que todavía quedan ocho años por delante de estudios técnicos, polvo y paciencia. Es una espera larga, pero que al menos ya no es una incógnita. Lo importante es que el proyecto por fin está en marcha y esto es algo que nadie nos ha regalado. Si esto ha salido adelante ha sido por la insistencia de la gente de Móstoles, que nunca dejó de pedirlo en la calle. Queda camino por recorrer hasta ver los trenes circular, pero la certeza de que el metro directo ya no es una promesa vacía es el mejor motivo para sentir que nuestra ciudad sigue avanzando.
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