Nueva columna semanal muy interesante de Eduardo Caballero. ¿Quién anda ahí? Móstoles. La sangre

El Hospital Rey Juan Carlos I de Móstoles se ha ido posicionando de manera prestigiosa en diferentes ámbitos y su labor ha sido reconocida y galardonada en varias ocasiones. Los usuarios que lo conocimos en sus inicios, allá en el 2012, cuando sus pasillos apenas acusaban el tráfico de pacientes y acompañantes, y admirábamos la innovadora gestión informática de citas y la rapidez y eficacia con que éramos atendidos, nosotros y los nuestros, lo hemos visto crecer, ampliar su área de influencia a otros municipios y multiplicar exponencialmente sus usuarios hasta el punto de la masificación. Cierto es que ha incrementado y mejorado sus recursos y que dispone de una buena atención al cliente, por no hablar de los beneplácitos de su Portal del Paciente. Sin embargo, también han comenzado a abrirse fisuras, de seguro provocadas principalmente por esta masificación de usuarios. Colchones desgastados, descontento relativo de empleados, alguna falta de coordinación interna (como en la planificación de operaciones), el desmesurado desplazamiento en el tiempo de las citas, la carencia y la rotación de médicos especialistas y la problemática accesibilidad son algunas de las fisuras que lleva presentando en los últimos años, por no hablar de aquellos acompañantes que estacionan deliberadamente sus vehículos durante el tiempo necesario de consulta en la limitada zona prevista en la entrada del hospital para que las personas con movilidad reducida puedan apearse en la puerta antes de que el acompañante aparque debidamente el vehículo en las zonas previstas para ello, o de aquellos que estacionan en doble fila en los accesos o incluso en los propios aparcamientos.

Gracias en buena parte a las reclamaciones de varias asociaciones vecinales de Móstoles se ha abierto este año el acceso previsto por la calle Tulipán coincidiendo con la previsión de inicio de obras de construcción del nuevo edificio ambulatorio. Asimismo, se ha transformado en aparcamiento el extenso jardín de su entrada, algo que era francamente previsible. Por tanto, podemos decir que éste está siendo un año de cambios y reformas dentro y fuera del Hospital. Una de las modificaciones realizadas afecta considerablemente a Extracciones, cuya saturación de usuarios ha venido obligando a organizar una larga y serpenteante cola en el atrio anterior al acceso con un agente dando paso parcial a la sala de Extracciones, anegada de usuarios y personal, que además es la sala de espera de algunas consultas. Esta congestión excesiva ha venido derivando en el caos, incluyendo a agentes del hospital y, en alguna ocasión, al personal de seguridad, vociferando instrucciones algo vagas en ocasiones o imposibles de cumplir. La situación parece haber llegado a un punto tal que la mejor idea que han podido tener para paliarla ha sido «extraer» la sala y dejarla en el exterior del hospital. De manera, que todo ese hacinamiento y esas largas filas de espera de turno se produzcan en la calle, exponiendo a los pacientes al calor y a la lluvia, sin lugar para sentarse a esperar y como si, la «nueva sala» fuera un improvisado hospital de campiña. Como es de esperar, las quejas y el malestar por esta medida que, personalmente, considero chapucera y totalmente inapropiada, se han multiplicado. La respuesta del hospital parece ser la siguiente: es una medida definitiva y va a permanecer así. Algo verdaderamente inaudito.

Por otro lado, se ha podido saber que el nuevo edificio ambulatorio, de cerca de diez mil metros cuadrados, además de multiplicar la afluencia y el tráfico, generando potencialmente nuevos problemas como los actuales, contará con 155 consultas externas, un área de diagnóstico por imagen de mil metros cuadrados, que complementará a la existente, y una nueva zona de extracciones teóricamente más amplia y accesible para los pacientes. Enero es la empresa de arquitectura a cargo de este edificio y deseamos y esperamos que esté más acertada en la previsión de inconvenientes y en el planteamiento y desarrollo de soluciones. Personalmente, creo previsible que estas mejoras realizadas no acaben de solucionar los problemas y que, además, la ampliación las dejará nuevamente insuficientes, pero no me gustaría carecer de fe en que no sea así, prefiero abrirme un margen a la equivocación. Desearía, de hecho, que alguien llegara a decirme: «¿Ves? Estabas equivocado, todo funciona y se han acabado los problemas. Todos están satisfechos y contentos». Mas mucho temo estar en lo cierto y que los problemas persistan si no se han multiplicado antes de cinco años. ¿Por qué? Porque considero que el problema es la masificación y que la solución suele encontrarse en construir un nuevo hospital (no en Móstoles) que pueda atender a otros municipios que ahora son atendidos por el Hospital Rey Juan Carlos I de Móstoles. Cabe preguntarse por qué no se derivan al Hospital Universitario de Móstoles tantos pacientes como al Rey Juan Carlos I. Aunque la respuesta parece obvia y puede resumirse en que para eso se construyó este último, para dar atención a la creciente demanda de este y otros municipios, quizá quepa plantearse la necesidad de construir uno nuevo cerca del epicentro de esos municipios que ahora asisten a este. Actualmente, el hospital atiende a dieciocho municipios entre los que se encuentran Cadalso de los Vidrios, Aldea del Fresno, El Álamo, Navas del Rey, Cenicientos y Pelayos de la Presa, por ejemplo.

Comprendo que no es sencillo, un hospital implica cifras económicas astronómicas, pero es el planteamiento de solución a los problemas que está abordando (y seguirá haciéndolo) el Hospital Rey Juan Carlos I. Cabe hablar también de las carencias de su planteamiento, pero resulta ya baladí dado que no puede hacerse nada con eso ya.

Respecto a los problemas internos que incluyen médicos especialistas agotados y sobrepasados en muchas ocasiones, así como deficiencias en la gestión y organización, es una cuestión de responsabilidad de Quirónsalud (quien gestiona el hospital) y de SERMAS (el Servicio Madrileño de Salud a cuya red pertenece este centro público). De modo colateral, podría esperarse del Ayuntamiento de Móstoles alguna gestión encaminada a presionar a estas entidades para resolver estas deficiencias en la mayor media posible, pero no parece que puedan existir muchas vías de comunicación siquiera ni que, al fin y al cabo, un consistorio tenga mucho que ver en estos asuntos. Aunque se haya demorado unos años, al menos ha podido intervenir en mejorar los accesos y eso es algo que agradecer.

El problema de base suele encontrarse, y por ese orden, en los políticos, en algunas empresas privadas o áreas de éstas y en la ciudadanía. Los políticos no son conscientes (quizá ni quieran serlo) de la importancia de un sistema sanitario eficiente cuyo objetivo real sea la salud de las personas y tampoco de la relevancia de encontrar un equilibrio adecuado entre el factor económico y el factor sanitario. Las empresas privadas que gestionan los hospitales son necesarias y muchas trabajan bien e incluso mejor que la gestión pública; otras (quizá la mayoría) priorizan el factor económico porque es su razón de existir. Corrijo: todas priorizan el factor económico porque es su razón de ser. Solo que algunas logran mejor ese equilibrio adecuado. Los ciudadanos son un problema, para sí mismos incluso, desde el momento que no son capaces de organizarse, protestar y manifestarse en las calles si fuera necesario. Validamos y normalizamos todo, principalmente lo que no es válido ni normal. Claro que también hay que comprendernos, aunque no nos entendamos.

Con todo y con eso, no quisiera dar una imagen catastrófica de la situación. Según los indicadores de gestión de la Comunidad de Madrid, el Hospital Rey Juan Carlos I es uno de los centros públicos con menor tiempo de espera y mayor agilidad asistencial de toda la región. Tiene las listas más bajas de espera (quirúrgicas y de pruebas diagnósticas) más bajas de la Comunidad y parece que más del ochenta por ciento de los pacientes se encuentran satisfechos a nivel global. Por supuesto, son índices estadísticos y si por algo se define la estadística es por ser una simplificación de la realidad. No obstante, y pese a sus logros y eficiencia, creo necesario un replanteamiento de la situación. Desde luego, creo que decisiones como mover Extracciones al exterior del hospital son un verdadero disparate y que, por ejemplo, el personal que planifica las intervenciones quirúrgicas debería tener información sobre los requisitos específicos de algunas de ellas que influyen en su planificación. Con todo, confío en que de aquí a un par de años se hayan podido mejorar algunas cosas y algunas fisuras hayan sido solventadas. Pienso que merece la pena y que el adecuado servicio al paciente no solo es prioritario sino el leitmotiv de la Sanidad, en general, y de un hospital, en particular.

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