Nueva columna semanal sobre unas figuras visitables durante estas semanas en la ciudad. ¿Quién anda ahí? Móstoles. Las meninas
Menina es un lusismo, una palabra originariamente portuguesa, que significa niña y se refiere a las jóvenes damas que hacían compañía a la infanta (Margarita, en el caso del célebre cuadro de Velázquez). Estos días juego a imaginar que hacen compañía a la villa, que han salido del cuadro y de Madrid para acompañarnos en estas fiestas históricas del Dos de Mayo y hacernos compañía paseando por nuestras calles y observándonos pasar, yendo de un lado a otro, con prisas, de paseo, preocupados o distendidos.
Algunos nos detenemos a hacernos una foto con ellas a falta de un buen pintor que inmortalice el momento con su destreza y precisión. Se encuentran en la Plaza del Pradillo, en la Avenida de la Constitución (en la zona del Centro de Arte Contemporáneo CA2M), en la Plaza de España, en la entrada al Parque Finca Liana (frente al Teatro del Bosque) y en la Avenida Portugal esquina con la Calle Goya. Cinco meninas en Móstoles dibujando sonrisas en los transeúntes, amenizando las calles, las fiestas y los días, decoradas con motivo de las Fiestas del Dos de Mayo de nuestra ciudad, declaradas de Interés Turístico Nacional.

Son testigos de nuestro mercadillo que, a decir verdad, en algo ha ido mejorando en los últimos tiempos. Músicos amenizando en algún momento los puestos, eventos en la Plaza de España, comerciantes y puestos ataviados de galas de la época y, como no, la pareja que comienza a ser una tradición recorriendo el mercadillo de lado a lado. En esta ocasión, representan con mucha gracia a Goya pintando su maja vestida mientras ella pasea a su perrito y comenta con mucha picardía otros retratos más íntimos que el pintor la ha realizado y no deja de hacer reír a cuantos se encuentran cerca.
Disfruté especialmente con el herrero, tocando la campana y gritando «¡Medallón de la suerte!» o «¡Colgante de la suerte!» en el momento de alzar su pesado martillo y dejarlo caer para golpear el pequeño yunque en el que se encuentran insertados los moldes para grabar las monedas de aluminio y de estaño. Un hombre llamativo de aspecto gitano errante, de los que recorrieron tierras rumanas o búlgaras en otros tiempos, con largas rastas y joyas sombrías por todas partes, de tez morena envejecida y ojos pintados para oscurecer la mirada. Sin embargo, amable y justo en su trato, y con una sonrisa carismática que invita a la confianza.
El esfuerzo llama la atención y en nuestra villa resalta el esfuerzo que en estos últimos años se viene realizando por destacar Móstoles en el mapa y realzar su presencia con eventos destacados y con cuidadas organizaciones de actos culturales, deportivos, sociales y de entretenimiento. Puede que con mayor o menor acierto para unos, puede que de mejor o peor manera para otros, pero lo cierto es que tienen una gran aceptación y éxito y suponen un valor importante. No se trata de unos y de otros sino de la ciudad, de su movimiento, de su cultura y de su vida.
Las presencia de las meninas es algo que produce una gran satisfacción, asociadas con el Dos de Mayo. Ambientan las calles y las fiestas, pero nos acercan también a la Historia, a nuestro origen y a nuestras raíces como municipio. Uno se acerca a susurrarles al oído, incluso las pretende mostrando la mejor sonrisa, la mirada más pícara y los gestos más elegantes. Con ellas han llegado también reportajes en Telemadrid hablando de nuestras fiestas y costumbres y entrevistas a la Biblioteca Central Almudena Grandes, que viene realizando una labor encomiable diversificada en infinidad de actividades para todo tipo de público.
Al fin y al cabo, todo habla de cultura. Las fiestas, las actividades y las iniciativas hablan de la cultura de un pueblo y es motivo de satisfacción saber que Móstoles despierta de un largo letargo en cuanto a preocupación por su cultura. Ojalá las meninas puedan visitarnos anualmente y traernos nuevas de aquellos tiempos y de aquel Madrid. Ojalá lleguen a convertirse en tradición nuestra por estas fechas, resaltando la trascendental historia de nuestra villa, y nos acostumbremos a verlas pasear por nuestras calles y descansar en los puntos emblemáticos de Móstoles. Serán igualmente bienvenidas si son más de cinco —apunto.
La compañía es algo necesario en nuestras vidas. Las personas, los políticos, los profesionales, la ciudad, necesitamos de esa compañía; serlo para los demás y disfrutar de la que nos ofrecen. Un pueblo es eso: comunidad, amparo, fraternidad, compañía. Quizá nos quede un largo camino para alcanzar el ideal, pero cada paso suma y cada paso rezamos para que prevalezca, para que no se desvanezca y nos haga retroceder a la casilla de salida. Es el compromiso que necesitamos, el de hacer prevalecer las cosas buenas.
Sin duda echaremos de menos a las meninas, las calles se decolorarán sin ellas y nuestra mirada las notará en falta al pasar por los puntos en los que se encontraban. La mirada se acostumbra enseguida, pero la memoria conserva el recuerdo con la esperanza de revivirlo en la temporada siguiente. Así nos movemos, celebrando el encuentro y deseando volver a encontrarnos. Nos agrada el gentío, las tardes en las ferias y mercadillos, las noches de concierto y los paseos vespertinos con la familia, con los amigos o con la pareja. Nos agrada encontrarnos con la presencia de las meninas y confiamos en volvernos a ver. ¡
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