Nueva columna semanal muy interesante de Eduardo Caballero. ¿Quién anda ahí? Móstoles. Las retiradas

Se acaba el mes de octubre hoy y el balance de su marcha nos deja sumidos en la decepción de una nueva retirada de la Feria del Libro de Móstoles. Esta iba a ser su tercera edición. Lectores, libreros y autores esperábamos con ilusión y buenas ganas su celebración y teníamos planificado el evento en nuestras agendas. Muchos esfuerzos hicieron posible que volviera a celebrarse de nuevo tras años sin hacerlo. Daniel Martín, exconcejal de Cultura, fue uno de los principales impulsores de esta convocatoria anual, que tuvo una magnífica acogida, celebrándose en la Plaza del Sol. La segunda edición incorporó mejoras significativas y, sin duda, supuso un refuerzo de esta cita de los mostoleños con el mundo del libro y de la cultura. Sin embargo, este año se han esfumado toda ilusión, todo esfuerzo y toda cultura del libro. Nuestra expectativa de una tercera edición se ha visto frustrada de golpe. Hay quien se enoja, no es para menos; yo me entristezco y me decepciono, sobre todo con el gobierno de un municipio tan importante como Móstoles, pero también con el de una ciudad que ha mostrado su interés por la cultura a lo largo de los años. No creo necesario mostrar ejemplos de los distintos centros socioculturales de la ciudad, de la Biblioteca Municipal ni de otras entidades que han mantenido la atracción por la cultura de jóvenes y mayores que no dejan de disfrutar y crecer con ella.

No me pregunto por el motivo de esta repentina suspensión, tal es el grado de decepción. No importa, en realidad. Quizá sea debida a la problemática situación de Móstoles Desarrollo o a la obligada absorción de la concejalía de Cultura por la concejalía de Educación… Desde luego, no se trata de un inconveniente presupuestario sino más bien político. Quizá el inconveniente político se deba, en alguna medida, a una imposibilidad jurídica o a algún tipo de improcedencia coyuntural. Es posible que cualquier argumento que se nos pudiera exponer nos dejara con más desánimo del que ya tenemos por la enésima suspensión de una Feria del Libro imprescindible en nuestra ciudad. Quizá deberíamos aprender de otras ciudades; claro que quizá, también, deberíamos arrojar definitivamente la toalla y asumir que al consistorio de Móstoles le incomodan las Ferias del Libro. Hablo en general, ya que lo mismo da este gobierno municipal que el que pudiera encontrarse hace diez o veinte años. La verdad que subyace muestra una importante semejanza de la Feria del Libro de Móstoles con el río Guadiana: aparecer y desaparecer. Y en esto los ciudadanos nos sentimos un poco como niños con aquellos padres que nos desencantan habitualmente: llega un momento en que dejamos de creer en ellos. Disfrutamos con intensidad los acontecimientos cuando aparecen, aprovechando bien el momento, con la certeza de que habrán de volver a desaparecer pronto, de que esos padres volverán a arrebatarnos aquello que nos emociona, que nos gusta y que deseamos.

La Feria del Libro es un lugar de encuentro en distintos ámbitos, no solo el de lectores con las librerías y los autores. Nos encontramos los amigos y conocidos, hablamos de libros y de actos, intercambiamos opiniones y pareceres, reímos, colaboramos… Los libreros desean esta Feria pese a suponerles un esfuerzo descomunal no solo en lo concerniente al aparato logístico y administrativo sino en lo relativo a su vida personal, al tiempo con sus familias y en sus hogares, por ejemplo. No es una mera cuestión de rentabilidad, es el contacto con el público, con los asiduos y con los nuevos, es una ocasión de darse a conocer y de labrar años de relaciones humanas a través del comercio y de los libros, es la oportunidad de compartir gratas charlas y buenos momentos con los autores mostoleños que acuden a su caseta a firmar sus libros y la ocasión de formar parte de un evento cultural de relevancia para Móstoles. Los autores deseamos que llegue este evento a nuestra ciudad. El trato directo con los libreros y los lectores es esencial para nosotros, otrosí de encontrarnos con amigos y conocidos de distinta índole. Todas las ferias del libro son especiales para nosotros, pero cobran mayor relieve cuando se trata de la Feria del Libro de nuestra ciudad, en la que nos hemos criado, en la que hemos crecido y madurado, en la que hemos arraigado de manera profunda así como ella lo ha hecho en nuestro espíritu y en nuestro corazón. El público aprovecha esta celebración para encontrar sus lecturas y conocer a sus autores y a nuevos escritores, se acercan a conocer las librerías… Todos disfrutamos del ambiente de la Feria del Libro, a todos nos enriquece, y por eso su retirada nos duele tanto como si un padre nos hubiera prohibido una vez más asistir a una cita con amigos, a una fiesta o a un viaje único.

Siquiera cabe la esperanza en el próximo año, ya no confiamos. Quizá sería mejor idea que los libreros y papelerías de Móstoles lograran crear una asociación gremial con capacidad de organizar y mantener en el tiempo una Feria del Libro anual con la licencia oportuna del consistorio. No sería el único beneficio de asociarse, sin duda podrían organizar otra serie de eventos interesantes en nuestra ciudad, incluso con la colaboración de patrocinadores privados.

La Feria del Libro también acerca la Biblioteca Municipal a los ciudadanos, encuentra en ella un espacio en el que acercarse a los lectores para hablarles no solo de libros sino de la diversidad de eventos que se realizan semanalmente en sus instalaciones y en centros culturales y Juntas de Distrito. Incluso la concejalía de Turismo y de Cultura, si no el propio Ayuntamiento, deberían tener su caseta en la Feria del Libro donde informar de organismos y actividades… Ya, en este punto pensáis que me estoy emocionando en exceso al escribir y caigo en la utopía, en el mejor de los casos, o en el desatino, en el peor de ellos, pero cabe pensar en la identidad y en la utilidad cultural que cobraría la Feria cada año, incluso organizando coloquios o entrevistas con los autores.

El caso es que todo queda en sueños y entelequias. Somos esos niños disconformes con los padres, no con unos en concreto sino con todos en general. Al fin y al cabo, con la ciudad. No podemos atribuir a una persona o un equipo determinado la causa del mal, aún menos cuando se han llevado a cabo grandes iniciativas en la ciudad que, hasta ahora, es cierto, parecía dormida. Sí debemos analizar las causas por las que Móstoles no es capaz de mantener de manera estable una Feria del Libro, las causas por las que se considera prescindible en nuestra ciudad un evento tan importante en nuestra cultura. Igual coincidimos en que debiera existir una o dos personas que velaran por su permanencia hasta convertirla en una planificación tan estable como las fiestas del Dos de Mayo. Sueño en voz alta, ¿verdad?

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