Nueva columna semanal muy interesante de Eduardo Caballero. ¿Quién anda ahí? Móstoles. Lo bueno

La añoranza es inevitable y quien añora tiende a desilusionarse con el presente a su regreso. Hay quien, por eso, la evita y hay quien se instala en la desilusión. También hay quien alcanza un equilibrio, quien consigue que la añoranza y el presente logren convivir en la comprensión. No es un equilibrio estable, como cabe esperar; en ocasiones, una cobra mayor relevancia que el otro (pese al fuerte carácter de aquel) o viceversa, pero consiguen convivir. Creo que esto es lo que dota de fuerza y de sentido a la vida y a las cosas y sucesos que nos rodean y nos acontecen. Ser capaces de amar cualquier dimensión fundamental del tiempo y tener la suficiente perspectiva para observar lo malo y lo bueno con la misma objetividad relativa.

En ocasiones juego a esto, me obligo a ver las cosas buenas de aquello que rechazo o me disgusta. No lo hago por justificar ni por cambiar de opinión. Sencillamente, lo hago por mantener una mirada saludable. Y lo hago también con aquellas cosas que acepto y me apasionan; me obligo a ver los aspectos menos amables, las cosas malas. Este juego solo busca sacarme de detrás del árbol para poder ver el bosque, los prados, las montañas y el cielo, no solo como algo hermoso. Se trata de ver la Naturaleza tal cual es, no siempre bella. De hecho, parte de su belleza nace de la destrucción o la crueldad.

El presente no es amable, pero trae cosas buenas. La incomodidad de asfaltar calles y reparar parques puede malhumorarnos. Interrumpe nuestra cotidianeidad, modifica nuestros hábitos y, por bien que quede, dejará de ser como era. También pensaremos si hay o no mejores cosas en las que gastar el dinero de las arcas públicas. Si la calle o el parque realmente necesitaban ese gasto. Unos llevaban tiempo reclamando esa mejora y otros la consideran un despilfarro. Lo mismo con el nuevo parque de bomberos que se construirá fuera del casco urbano para permitir una mejor conexión viaria y la asistencia a otras localidades. Esta infraestructura estratégica se produce como consecuencia de la integración del Cuerpo de Bomberos de Móstoles en el Cuerpo de Bomberos de la Comunidad de Madrid. Vivimos en un mundo global en el que todo lo pequeño o local va siendo absorbido por lo grande y regional. Nos puede parecer algo malo, pero lo bueno es que el Parque de Bomberos de Móstoles saldrá de la Calle Empecinado, donde seguro que encuentran cada día más dificultades para mejorar, dado que todo espacio en la ciudad se va quedando angosto. El Parque también crecerá con la incorporación de mayores recursos, el incremento de plantilla y la mejora de medios en general. Algo bueno. Y los vecinos de Empecinado dejarán de sufrir el trasiego de camiones y de escuchar sus sirenas a cualquier hora, por ejemplo.

Puede que bajo cualquier mejora se encuentren ocultos intereses políticos y económicos, pero por eso de estar ocultos también carecemos del conocimiento necesario para medir lo bueno o lo malo de esos intereses o su idoneidad. Hemos de irnos quedando, a veces, con lo bueno de las situaciones. Mejorarán algunas calles y durante un corto espacio de tiempo los parques lucirán más cuidados y nuevos. Lo demás, habrá de irse viendo y habremos de ir conviviendo con ello.

Siempre podremos escuchar quejas sobre el Navipark, la Verbena de Verano, los conciertos como el Summer Fest, los artistas invitados a las celebraciones festivas, las celebraciones mismas y las conmemoraciones históricas… Pero es un buen ejercicio mover la mirada de nuestra posición, no por cambiar de opinión, no por justificar ni por ceder en nada, sino por ver el todo por encima de la parte. Esta legislatura, con independencia de sus colores (y no hay que olvidar que los colores, de una u otra manera, aprueban y facilitan juntos multitud de decisiones y acciones), está haciendo grandes cosas por la ciudad y está logrando poner a Móstoles en el foco de atención regional. Un lugar que, en mi humilde opinión, la villa merece por su trayectoria histórica, su importancia demográfica y su influencia cultural. Nombrada Ciudad del Deporte de este año, viene celebrando importantes eventos deportivos en diferentes áreas y disciplinas. Culturalmente, se han desarrollado eventos y promovido actos y acciones de gran importancia, como el Festival del Jazz, llevado a la calle el año pasado, la programación anual de Escena Móstoles, las exposiciones en los Centros Culturales y el Centro de Arte Contemporáneo, entre otros.

Hay cosas mal hechas y hay aspectos negativos, siempre los hay en cuanto acontece. La perfección solo es una utopía, un horizonte de referencia relativa, y en ocasiones — debiera decir con frecuencia— se refleja precisamente en la imperfección. No necesitamos quedarnos con lo malo o con lo bueno, pero si podemos elegir con qué quedarnos (y no siempre es posible, lo sé), deberíamos escoger lo bueno, aquello que puede reconfortarnos y hacernos sonreír, aquello que puede teñir la memoria de colores amables e incluso puede redimirnos con nuestro pasado.

Lo mejor de contemplar lo malo y lo bueno de todo es la salud de la mirada con que contemplamos el mundo. Ver lo bueno de las cosas no implica cegar las sombras y, por ende, ver lo peor de las cosas no debería ser óbice para percibir y reconocer lo bueno de ellas. Hemos aprendido sin pensar que las sombras representan lo malo y la luz lo bueno, pero no es así: buscamos fresco a la sombra cuando el sol abrasa, la luz nos permite ver o nos ciega si es intensa o nos encontramos demasiado cerca de ella; la sombra trae paz, la belleza luminosa resalta en ella, y la sombra también puede cegar. En conclusión, las dualidades son una referencia tan relativa como la perfección y es un paso vital imprescindible para la comprensión aprender a percibir ambos lados de ellas. No arraigarnos en una postura sin permitirnos salir de ella.

Las personas hacemos lo que podemos, lo que sabemos y lo que nos dejan, y no hay excepciones en esto, no hay personas exentas de estos tremendos y necesarios condicionantes. No importa el poder que se tenga o el cargo que se ostente; finalmente, todos estamos en lo mismo. Y esto es algo con lo que mostrarse comprensivo, por el bien de uno mismo, por el de los demás y, desde luego, por el de la buena convivencia. Es bueno reclamar y quejarse, por supuesto. Como diría mi madre y la de muchos, lo cortés no quita lo valiente. Las madres eran sabias y nos enseñaron lo mejor que pudieron, que supieron y que las dejaron. Ese camino llevamos nosotros ahora y para poder y saber bien es imprescindible apreciar lo bueno de las cosas. Lo demás, es la cascara de la nuez o el hueso del melocotón. Podemos desecharlo o podemos construir una pequeña embarcación o sembrar un árbol.

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