Es nuestra empresaria del mes. Celia de la Cruz Blanco, propietaria de Duendes Peluqueros en Móstoles: «Aquí sigo casi 40 años después»

Este que escribe lleva muchos años sin cortarse el pelo en una peluquería. Dicho con un poco de gracia, la verdad es que “no tengo un pelo de tonto”. ¡Qué más quisiera! Pero me encanta cuando llevo a mis hijos y veo la destreza y la cercanía de los profesionales de la peluquería con sus clientes. Son absolutamente admirables. Es uno de los pocos trabajos artesanales que quedan. Manos, tijeras, psicología y una buena charla. Celia de la Cruz Blanco es el mejor ejemplo de lo que acabo de escribir y, además, lleva Móstoles en su ADN. Cuando descolgó el teléfono para la entrevista estaba en plena faena en su salón mostoleño. «Me pillas con las manos en la masa, o, mejor dicho, con un tinte en la masa, pero sí puedo hablar», nos dice con naturalidad. Así, entre clientas, tijeras y confianza, empezamos a conversar sobre su historia y su pasión.

Tres décadas de historia

Os contaré que este periódico sale a la calle exactamente el 11 de marzo. Pues, precisamente en esta fecha, el salón Duendes Peluqueros cumple 30 años en Móstoles. Pero lo cierto es que su historia con las tijeras empezó mucho antes. Muchísimo antes. Con solo 13 años Celia ya estaba aprendiendo el oficio, en una época en la que los aprendices formaban parte esencial del oficio. «Yo como peluquera empecé con 13 años… así que echa cuentas, pues casi 40 años o 41, por ahí»., me explica. Y aquellos comienzos no tenían glamour: «Pues mira, no hacía nada, barrer y barrer y barrer», recuerda entre risas. Pero aquel aprendizaje, paso a paso, fue construyendo la profesional que hoy conocen, literalmente, miles de vecinos.

Un nombre con identidad

Celia de la Cruz Blanco, propietaria de Duendes Peluqueros en Móstoles: «Aquí sigo casi 40 años después»
Celia de la Cruz Blanco, propietaria de Duendes Peluqueros en Móstoles: «Aquí sigo casi 40 años después»

¿Y el nombre? «Siempre me decían: tú eres duendecilla, duendecilla. Y dije, pues ya está, la peluquería, Duendes», cuenta. El resultado es Duendes Peluqueros, un salón con un logo muy particular —un simpático duende con barbita— que ya forma parte del paisaje del barrio. El local está en la calle Río Llobregat, 13 posterior, justo enfrente de la parada MetroSur Hospital de Móstoles, un lugar que muchos vecinos sienten casi como propio después de tantos años entrando y saliendo.

Si hay algo que define el trabajo de Celia no es solo la técnica, ni el corte perfecto, ni el color adecuado. Es la conversación. «Lo que más me gusta es hablar con la gente”, confiesa. Y no es una charla cualquiera: «Me encanta hablar, ponerme en sus zapatos y entonces desde ahí empezar ya a crear». En su salón, el proceso empieza siempre igual: «La clienta cuando entra en mi salón, lo primero que hacemos es que se siente y nos ponemos a charlar», explica. Solo después llegan el peine, las tijeras o el color.

Evolución de la peluquería

Celia ha visto pasar modas, décadas y generaciones enteras frente al espejo de su salón. Y sí, la peluquería ha cambiado mucho. «Ha cambiado mogollón y seguirá cambiando. Antes la gente acudía más para peinarse; hoy el trabajo es más técnico, más especializado en corte y color. Hoy en día con el tema del YouTube y las redes… muchas personas llegan con ideas nuevas, referencias y estilos que antes solo veíamos en revistas».

Celia de la Cruz Blanco, propietaria de Duendes Peluqueros en Móstoles: «Aquí sigo casi 40 años después»
Celia de la Cruz Blanco, propietaria de Duendes Peluqueros en Móstoles: «Aquí sigo casi 40 años después»

Quien conoce a Celia sabe que su energía va más allá de la peluquería. Fue una de las creadoras de la Asociación Sinergias, participa en iniciativas de emprendimiento y colabora en charlas para jóvenes. «Siempre lo que sea moverse, me encanta. Porque es que al final yo soy un poquito inquieta. Participé en iniciativas sociales, como la instalación de buzones violetas en comercios para ayudar a víctimas de violencia machista, y, en fin, al final en peluquería somos un poco transmisores de todo lo que vemos. Y si ves que alguien lo está pasando mal… ¿por qué no echar una mano?».

Móstoles para disfrutar

Antes de despedirnos le pregunto si entre tanto trabajo, también tiene tiempo para disfrutar de la ciudad. «Claro, por supuesto, hay que hacerlo. Si no, ¿cómo vamos a saber lo que tiene nuestra ciudad? Me gusta mucho pasear por el centro de Móstoles… pasear por la Fuente de los Peces y comerme unas pipitas. Me encanta». Y a nosotros nos encanta el maravilloso trabajo que haces, Celia. ¡Gracias! ¡Y felicidades!

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