Se realizaba en un chalet del municipio. Desmantelada una casa-prostíbulo en Móstoles que explotaba a mujeres: hay 16 personas detenidas
La Policía Nacional ha desmantelado a un entramado criminal deteniendo a un total de 16 personas que se encargaban de la explotar a mujeres a través de la prostitución. Todo ha ocurrido en un chalet de Móstoles, en la urbanización Los Rosales. Allí es donde operaba esta banda criminal desde hacía 12 años. Un entramado dirigido por cuatro hermanas que se encargaban de explotar a más de 20 mujeres de origen latinoamericano y de entre 20 y 30 años de edad. Todas ellas se mantenían hacinadas en el sótano del domicilio. Una operación que ha llevado consigo un total de nueve meses de investigación.
Todas las víctimas actuaban en contra de su voluntad, aprovechadas al estar viviendo en una situación de extrema vulnerabilidad. Para ello, fueron explotadas sexualmente, ordenadas por cuatro mujeres que eran las encargadas de dirigir un entramado criminal, decidiendo qué personas trabajaban cada plaza durante tres semanas a través de engaños y de condiciones plenamente restrictivas.
16 personas detenidas en Móstoles

La organización estaba compuesta por, al menos 16 personas. La Policía Nacional las ha detenido como presuntas autoras de varios delitos, entre los que se encuentra el de organización criminal, blanqueo de capital y delito de prostitución y contra la salud pública. Durante el registro se incautaron más de 800 euros en efectivos, sustancias estupefacientes y cuatro teléfonos móviles, además de liberarse a una de las víctimas.
Unas víctimas que sufrían condiciones infrahumanas. Para controlarlas, las cuatro mujeres directoras del entramado criminal contaban con tres prostitutas de confianza y una mano derecho para suministrar sustancias a clientes y víctimas, además de vigilar el lugar. Asimismo, los pagos se realizaban en metálico o mediante una plataforma, utilizando cinco testaferros para la ocultación del capital.
En cuanto a las víctimas, llegaron a convivir de manera simultánea una veintena bajo un estricto control permanente. Las parejas de las cabecillas eran las encargadas de trasladar a las víctimas para realizar servicios sexuales a domicilio. Todas ellas estaban, además, obligadas a dormir hacinadas en el sótano en condiciones infrahumanas. Se las obligaba, además, a estar disponibles 24 horas y pagando diferentes gastos. A todas se les exigía consumir u ofrecer sustancias estupefacientes y prácticas sexuales.
Fotografía principal: Policía Nacional, mejorada con IA.
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