Mostoleño ilustre en julio. Eduardo Caballero: «Móstoles siempre ha estado presente en mis libros, es mi ciudad y una fuente de inspiración»
El escritor acaba de presentar Peregrino, su última obra donde habla abiertamente de temas que son comunes entre los vecinos
Eduardo Caballero, reconocido escritor y columnista de mostoleshoy.com, se consolida como una de las voces literarias más profundas de la localidad tras publicar Peregrino. Repasa para este diario el excelente feedback de sus lectores, sus rituales de escritura en la intimidad, la memoria emocional de la Villa y el futuro cultural de Móstoles.
Una acogida emocionante directa al corazón

Caballero nos cuenta que las sensaciones tras presentar Peregrino son «francamente buenas, está teniendo muy buena acogida». Explica que «encontrarse con temas que les son comunes como la familia, la identidad, la introspección, el consuelo o la esperanza, les reconforta». No es una recopilación clásica de relatos, sino una novela con un hilo argumental común.
Entre las reacciones más emotivas, recuerda a una lectora en la Feria del Libro de Madrid: «Mientras se los firmaba, ella me contaba cómo al llegar al final del libro y leer la última frase se dio cuenta de que llevaba tiempo aguantando la respiración por la emoción». Define la obra como «una novela formada por relatos que avanzan desde la infancia hasta la madurez», donde «las distintas voces estuvieran dentro de la cabeza de un personaje único, bien formando parte intrínseca de él, bien formando parte vicaria de sus vivencias».
El cajón de los ‘Estudios en Mi menor’
Al indagar en el detonante, confiesa que quería recuperar la voz infantil en primera persona de sus inicios. «Me pareció buena idea ir recopilando estas ideas en relatos sin la presión de escribir un libro, sencillamente dando forma a las ideas e irlas recopilando y guardando en ese cajón. Pronto llamé a ese cajón Estudios en Mi menor (Em), que es una tonalidad musical que transmite sensaciones entrañables, intimidad, introspección…». El proyecto creció hasta mostrar la madurez y la redención.
Revela además que «escribí, por ejemplo, El corazón del búfalo estando ingresado en el hospital. Llevaba tiempo observando la forma caprichosa de una mancha de células muertas en mi mano izquierda y me dio pie a una narración del libro». A nivel técnico, reconoce una gran evolución: «Peregrino se distancia por tanto de lo que he venido haciendo hasta ahora y, en cierto modo, es una despedida de esa forma de escribir al tiempo que el inicio de una manera de escribir diferente. Alientos más largos, oraciones más elaboradas sin perder fluidez». Para lograrlo, escribe por las tardes y noches: «Cuando cae el sol, en concreto, es el momento en que mejor conexión encuentro para trabajar. Me gusta estar en completo silencio y trabajar bajo la luz de un flexo antiguo. Y necesito mis plumas, mis estilográficas».
El radar encendido en las calles de la Villa
Su faceta como cronista semanal responde a una «deformación profesional» de escuchar con todos los sentidos. Caballero conversa con los vecinos y analiza las redes: «Cuando creo tener un tema, un evento o algún aspecto sobre el que escribir en relación con Móstoles, trato de salir de los tópicos y de encontrar los aspectos humanos y el equilibrio entre el análisis y los sentimientos». Invita a buscar su columna, ¿Quién anda ahí?, Móstoles, en mostoleshoy.com, para conectar con la memoria colectiva de los emigrantes llegados en los setenta.
Sus textos rescatan del olvido los recuerdos de la Villa: «Los mesones, los pubs, los mercadillos de Pradillo de los ochenta, las piscinas, los campos, el barro, los renacuajos en los charcos, las amapolas, la carencia de agua…». También destaca a colectivos locales como los pintores al aire libre, las tejedoras del CA2M, ADISFIM o AHIMOS. Esta esencia se filtra en sus libros: «Ahora que no estás, por ejemplo, muestra lugares específicos de Los Rosales» y Peregrino incluye escenas en el Hospital Universitario Rey Juan Carlos I.
Recuerdos de infancia y futuro cultural
Al elegir un rincón de Móstoles para leer, duda entre El Soto en otoño, Prado Ovejero o el parque de Andalucía, «donde entrenaba atletismo, me besaba con alguna chica al anochecer y compartía gratos momentos con los amigos». Sin embargo, elige un lugar de gran valor emocional en su niñez: «un pequeño parque que se encuentra entre la calle Miguel Ángel y la calle Velázquez», cerca del célebre Pub Óscar de Estoril II. «Ese pequeño parque lo viví de niño, poniéndome perdido jugando con la arena, también construyendo circuitos para las chapas y haciendo hoyos para las canicas, y jugando con mi amigo Alejandro».
Respecto al apoyo institucional, elogia la labor de la Biblioteca Central Almudena Grandes, aunque cree que Móstoles podría ambicionar más: «Pienso que podría ampliarse el área de influencia llevando a los escenarios las obras teatrales de autores mostoleños, por ejemplo, o creando un Certamen permanente de literatura en torno a nuestra ciudad».
Finalmente, de cara a este 2026, confirma que trabaja en su próxima novela, un proyecto apasionante nacido de un relato descartado de Peregrino: «He seguido trabajando en este relato que se ha convertido en novela y, francamente, me está apasionando trabajar en este proyecto. Espero acabarlo el próximo año, aunque no me fijo fechas».
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