Para entenderlo basta con darse una vuelta por el PAU-4: grúas, andamios, portales recién estrenados. Y basta con abrir cualquier portal de viviendas en alquiler para ver el otro lado de la misma historia: colas de decenas de interesados por cada piso que sale al mercado.

Móstoles está cambiando de vivienda más rápido de lo que cambia de aspecto, y ese movimiento —silencioso, cotidiano— tiene un efecto directo sobre la sociedad, y en concreto sobre un oficio que rara vez sale en las noticias: la cerrajería.

Un parque de vivienda que envejece mientras la ciudad crece

El parque residencial de Móstoles ronda los 80.000 hogares, según datos recopilados por la Comunidad de Madrid. Buena parte de ese parque no es reciente: la mayoría de los inmuebles del municipio tienen entre 75 y 90 metros cuadrados y fueron construidos entre 1970 y 1979, de acuerdo con los datos de Idealista. Son viviendas con más de cuatro décadas de antigüedad, y eso incluye, en muchos casos, cerraduras que llevan ahí desde entonces.

Al mismo tiempo, la ciudad sigue creciendo: es la segunda más poblada de la Comunidad de Madrid, con más de 214.000 vecinos, y varios desarrollos urbanísticos en marcha van a añadir miles de viviendas nuevas en los próximos años.

El alquiler más tensionado del sur de Madrid

Móstoles se ha convertido en uno de los municipios con mayor presión de alquiler de toda la región: se sitúa como el segundo más tensionado, con 132 interesados por cada vivienda disponible. El precio por metro cuadrado alcanzó su máximo histórico en febrero de 2026, con 13,8 euros, una cifra que apenas ha bajado desde entonces.

Esa presión está cambiando también la forma en que la gente vive. Cada vez más personas no pueden acceder a un piso entero y recurren al alquiler por habitaciones: la oferta de habitaciones sueltas en el municipio ya supera las 200. Cada cambio de inquilino, sea de un piso completo o de una habitación, es también un cambio de manos de llaves.

Lo que ve un cerrajero cuando el mercado se mueve tan rápido

Héctor Gómez, cerrajero y director de Héctor Gómez Cerrajeros, con casi 15 años de experiencia trabajando en Madrid y su zona sur, incluida Móstoles, lo resume con una observación sencilla: «Antes nos llamaban sobre todo por averías. Ahora, buena parte de nuestro trabajo tiene que ver con cambios de inquilino: gente que se muda, que quiere empezar de cero con la cerradura, o simplemente que hereda un piso con un cilindro de hace treinta años.»

Un mercado de alquiler con tanta rotación implica, de forma casi automática, más movimiento de llaves: inquilinos que se van, propietarios que quieren revisar el acceso antes de alquilar de nuevo, pisos que llevan años sin que nadie revise una cerradura instalada en otra década. A eso se suma el propio envejecimiento del parque de vivienda, que hace que muchos cilindros lleguen al final de su vida útil casi al mismo tiempo.

Los barrios nuevos también generan trabajo

No es solo la vivienda antigua. Los desarrollos como el PAU-4 —donde ya residen unos 15.000 vecinos y donde se están construyendo más de 600 viviendas adicionales de alquiler asequible— o el programa Plan Vive, con cientos de pisos dirigidos a jóvenes de hasta 35 años, suponen miles de cerraduras nuevas que instalar, revisar y, con el tiempo, mantener.

«Un barrio nuevo también da trabajo», apunta Gómez, «aunque de otro tipo: instalaciones desde cero, automatismos de garaje, a veces asesoramiento a las propias promotoras sobre qué sistemas de acceso instalar en los portales.»

Un oficio que se adapta al ritmo de la ciudad

El resultado es un oficio que, sin hacer ruido, sigue de cerca el pulso urbanístico y demográfico de Móstoles: cuanta más gente cambia de casa, más cerraduras cambian de dueño. Para quienes se mudan, alquilan una habitación o simplemente quieren poner al día una cerradura de otra época, la solución pasa por el oficio del cerrajero.

Artículo anteriorQué hacer gratis este fin de semana en Móstoles: las 24 horas de Le Mans en Masterslot, Isabel Pantoja y más
Artículo siguienteEduardo Caballero: «Móstoles siempre ha estado presente en mis libros, es mi ciudad y una fuente de inspiración»