Tribuna de opinión del último número del periódico en papel. La Formación Profesional ha dejado de ser un plan B en Móstoles
Para muchos, hablar de Formación Profesional era hacerlo de un refugio para aquellos que no encajaban en el molde tradicional de la universidad. Una especie de lugar considerado un plan B para los que por x o y no podían o tenían la capacidad de acceder a los estudios superiores. Un sambenito sin ningún tipo de sentido y unos prejuicios y etiquetas que, desde luego, son cosa del pasado.
Afortunadamente, eso es cosa de otros tiempos. Ese “escalón inferior” se ha encargado por sí mismo de desmontar estas teorías, y lo ha hecho por méritos propios, tanto por el esfuerzo del profesorado como de las instituciones públicas y privadas. Y no es para menos, hacer una FP se ha convertido en una opción que otorga una mayor facilidad al acceso laboral de lo que muchas carreras pueden llegar a ofrecer en un futuro a corto plazo. Lo hacen, además, de una manera mucho más efectiva gracias a la mezcla de la teoría aplicada a una práctica prolongada durante años en la que este tipo de ciclos formativos es esencial.
Y es que, hay que ser muy claros. La diferencia con el grado Universitario, criticado con razón por una preparación deficiente en muchos aspectos -algo desde lo que el que os escribe estas líneas puede dar toda la fe del mundo-, hace que una FP salga mucho mejor parada hoy en día. Y esto tiene un sentido muy evidente, ya que, mirando con perspectiva, una carrera actualmente puede servir más para empujar al alumno a realizar másteres con poco o nada utilidad a nivel laboral más allá de tener un título, y es que al final lo que verdaderamente importa es una preparación práctica para ejercer con maestría esa profesión que es lo que se busca una vez los estudios han finalizado.
Ojo, sin desmerecer a algunas carreras y a muchos profesores con los que se aprende mucho durante años. Un Grado Universitario o un Máster tiene validez y mucho reconocimiento. Y esto es algo que se tiene desde el mismo momento en el que se supera la nota de corte para entrar a la universidad que uno elige. Sin embargo, su situación es crítica, ya que la mentalidad de la sociedad ha cambiado a verla como algo que “no es para tanto”, y la culpa reside en las instituciones. La educación es uno de los pilares más importantes de la civilización, y un número en un examen no determina nada, aunque el sistema nos lo grite al oído.
En cualquier caso, hay que destacar que la FP ahora no es un Plan B o la “alternativa a”. Ahora es la opción prioritaria de muchos desde un inicio. Sin embargo, habría que hacer una reflexión profunda en el mundo educativo porque lo suyo sería que tanto FP como universidad vayan de la mano. Lo primero y primordial sería ser claros y no vender humo o ilusión tras la época de instituto. Hay que ser realistas y valorar la dureza del mundo laboral y la adaptación de cada estudiante. Posibilidades reales, aprendizaje productivo y esfuerzo, mucho esfuerzo por parte de todos. Solo así cambiará este desencanto social con la educación, que año tras año va en aumento.
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