Entre el adiós al verano y la esperanza de un nuevo comienzo, así es septiembre. ¿Quién anda ahí? Móstoles: Puerta de paso
Comienza septiembre, ya no es un horizonte ni una visión en lontananza. El lunes es día uno y comienza un nuevo año. Hay quien lo llama temporada, pero muchos comienzan el año en este momento y el paso de años naturales solo les parece un momento para revisar la marcha de los propósitos y para reafirmarse en ellos con las correcciones que necesiten realizar, tal que si se tratara de un equipo de precisión que requiriese ajustes. Lo cierto es que es una breve etapa de transición anómala para todos, pues el ánimo decae ante el fin del tiempo estival, de las vacaciones y de la distensión, pero también se activa ante la perspectiva del nuevo curso escolar y del regreso a los puestos de trabajo. Sé que no estaréis de acuerdo con esto y podréis hacerme ver lo escandalosamente angustiosa que resulta la sola perspectiva de preparar el curso, no digamos de cambiar las vacaciones por los horarios laborales. Estaréis en lo cierto, pero habréis de reconocer, si os detenéis un instante a sentir, que la idea del comienzo inspira algo de aliento. Hemos realizado un alto en el camino y ahora se ha de proseguir con un ápice de expectativa en nuestro interior. ¿Cómo será este curso?, ¿qué depara el nuevo año? Luis cumple catorce años y comienza Segundo de ESO. Hay que ver cómo crece y cómo pasa el tiempo. Pablo ha cambiado de instituto, a ver cómo le va. En tanto, nosotros hemos de retomar nuestras labores, esperando que algo cambie este año. Siempre se guarda esa esperanza en un rincón de nuestro ser. Otra opción es comenzar con fuerza renovada nuestras tareas y obligaciones. Quienes comienzan el año suelen marcarse objetivos medibles y alcanzables, establecen propósitos que les muevan y ponen fe en el fruto que ha de dar tanto esfuerzo. Sea como sea, resulta un tiempo anómalo, podemos estar decaídos y animados a un tiempo. Quizá sea un mes de transición, lo he sentido así en ocasiones. Una puerta de treinta días que nos reubica en el presente habitual. La distancia entre agosto y octubre es la misma, treinta días de septiembre. Un mes y el otro se sienten diferente en función del mes desde el que se observa al otro. Si lo piensas bien, son como planetas o estrellas. Una manera de vivir los años, viajando entre planetas, estrellas y constelaciones; ser el ente interestelar que viaja en el espacio y, por qué no, en el tiempo.
Creatividades aparte, puedo recordar que los años de inicio, aquellos en que contaba siete, ocho, nueve, diez o, incluso, once años, vivía este tiempo con cierta ilusión. Asistía al colegio Balmes y me preguntaba por los nuevos profesores, los nuevos compañeros y alguno de los antiguos, los nuevos libros y el material escolar a estrenar, y las nuevas materias, más difíciles, más exigentes. Comenzar las clases de los mayores. Hacerse mayores. Las rutas nos recogían por todo Móstoles. Cinco rutas, en total. Mi ruta era la cuatro. Cerca de mi casa teníamos dos paradas: la de Españoleto y la de Velázquez. Escogía una u otra según quedará con amigos o según fuera de tiempo. Yendo justo de tiempo, podía ver el autobús acercarse por Españoleto y, entonces, debía correr a la de Velázquez para llegar antes que él. Ahora sonrío. Comenzaba el curso con expectativas, claro que enseguida llegaba la realidad después, los meses y las evaluaciones se sucedían y pronto los deseos miraban más hacia el verano siguiente a medida que el inicio del otoño iba quedando atrás. El invierno puede ser otra constelación que atravesar para muchas personas. Son juegos que distorsionan algo la realidad y la hacen más amena si no más divertida. Los adultos, claro, llegan a temer este mes. Solo hay que asistir a los comercios. En pocos días, bloquearán las calles a las horas de mayor tránsito, mal estacionando el coche a la entrada de los colegios, podremos ver a las madres tomar un café tras dejar a los niños en la escuela y algunos padres agradecerán el horario laboral, que les exime de estas experiencias. Los tiempos han cambiado, es cierto, y otras muchas situaciones pueden darse. Septiembre supone un totum revolutum en nuestras vidas. El tiempo en que se reactiva toda actividad como una vieja locomotora a vapor, lenta y esforzadamente hasta alcanzar la velocidad de crucero.
Pese a retornar a la rutina, estos días son nuevos siempre por las expectativas que, en nuestro fuero interno, ponemos en ellos. Cualquier comienzo, por sabida que se tenga su continuidad, trae esa perspectiva sobre lo que está por llegar. Sabemos que todo cambia de manera constante y esperamos que los cambios nos traigan algo de felicidad y satisfacción. Acaba de anunciarse el programa de las Fiestas Patronales de Móstoles al tiempo que el Calendario Escolar. Todos nos preparamos para estos días de fiesta con la vista puesta en el inicio del otoño. Pope avisó enseguida a Mario de su llegada: «Tío, hemos quedado esta tarde donde siempre, solo falta Sebas, que llega el viernes. ¡Bájate!». Tan pronto cuelga el teléfono, Pope avisa a su madre de su próxima ausencia: «He quedado esta tarde con los colegas», «¿has colocado la ropa y puesto todo en orden?», «estoy en ello, lo acabo por la mañana, no te preocupes», «no olvides la ropa para la lavadora y recuerda que el lunes has de bajar al instituto para la matrícula y todo eso». Pope resopla porque es como tener la voz de Dios indicándole qué hacer a cada momento y marcándole obligaciones. Su madre resopla porque no le llegan los brazos y no tiene mucha ayuda. Ya está acostumbrada y todos los años es la misma gaita, pero ésta pesa cada vez más. Pronto comenzarán la universidad o se pondrán a trabajar y todo será aún más caótico, pero prefiere no pensarlo. Al fin y al cabo, le van a dar igual. Alicia es una de las amigas de Pope, no de la pandilla sino del barrio. Bueno, tampoco del barrio. Se ven en la biblioteca y se conocen del instituto. A ella le gusta el deporte y se ha enterado de la exposición Leyendas del Deporte que estará en Móstoles hasta el veintitrés de septiembre. Le ha escrito un mensaje a Pope para sugerirle visitarla. Se escriben de vez en cuando y charlan. Han estado conectados todo el verano y se han enviado alguna foto y algún video de las vacaciones, alguno de guasa para divertirse. A Pope le parece buena idea y están de acuerdo en ir antes de que comiencen las clases. La madre de Pope y la de Alicia se conocen de las clases de pilates, pero desconocen el trato que tienen sus respectivos hijos. Quizá no lleguen a saberlo nunca o quizá lleguen a hacerse amigas. Quién sabe lo que puede deparar este año y no digamos el siguiente.
Las fiestas comienzan esta semana, el día cinco, y acaban el quince de septiembre. El mercado de artesanía se inaugura el once de septiembre, jueves, y un sinfín de actividades mantendrán animada la ciudad durante varios días. Nuestro mes de paso traerá diversión y una despedida gloriosa del verano, de los días de escándalo y diversión. La plaza del Pradillo hervirá de gozo y todos nos veremos la cara de nuevo cruzándonos por las calles y los pasos. Móstoles recobrará su espíritu y su ánimo sabiéndonos a todos de regreso y contemplando nuestra alegría sobreponiéndose a las obligaciones del nuevo curso y al devenir del nuevo año, que subyace en el interior mientras disfrutamos de nuestras fiestas patronales. La vida, decían nuestros mayores, es así. No podemos hacerle nada salvo tomarla con filosofía y disfrutar de cada momento. Más allá de la puerta, de este mes, veremos lo que haya de llegar. Bueno es comenzar con buen pie, sonreír y seguir hacia adelante. Divirtámonos y gocemos mientras podamos. No en vano comienza un nuevo tiempo y, sin duda, habrá de depararnos sorpresas.
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