Mostoleña ilustre de abril. Sara Gascón Pérez, propietaria de “Granja Labrada”: «Soy una granjera que cultiva experiencias para el alma»
Hoy, en “Mostoleños por el España”, nos vamos hasta A Coruña… perdón, perdón. Siempre he querido hacer un programa así. Tengo que hablar con Joaquín Parejo, CEO de mostoleshoy para desarrollar la idea. Ahora fuera de broma, qué gustazo de charla he tenido con Sara Gascón Pérez, propietaria de Granja Labrada. Una mujer con las ideas muy claras cuya vida dio un giro radical justo antes de la pandemia. Criada en Móstoles, donde vivió «desde pequeñita» hasta la universidad, su camino parecía muy distinto al actual. Su mamá fue profe del Liceo Villa Fontana y ella estudió allí unos años. Aún se ve delante de la pastelería Blázquez, «que me alucinaba… hacían unos montaditos de nata que le encantaban a mi abuela».
Pero creció. Y montó una agencia de desarrollo web y marketing online. Su día a día era exigente: «Estaba todo el día delante del ordenador, tenía un estrés horrible». Con un equipo de 40 personas, su vida estaba completamente ligada a Móstoles… hasta que todo cambió.
Se cruzó con unos animales que lo pusieron todo patas arriba. O… pezuñas arriba, en este caso. «Cuando tenía treinta años más o menos me enloquecí con los caballos». A partir de ahí, todo se reorganiza. Los caballos, dice, fueron «el detonador y la excusa para ese cambio de vida que realmente necesitábamos». Un cambio que «daba vértigo al principio, pero que luego compensa».

Ese salto les llevó a Galicia, donde nace Granja Labrada. Echando un ojo a su web le confieso que me parece mucho más que una casa rural y ella confirma mi parecer y me dice que es «un espacio de turismo ecuestre, donde poder disfrutar a ritmo muy tranquilo». Y añade una clave importante: no se trata solo de montar, sino de «la convivencia con los caballos en el día a día. Cuando los niños van a una hípica tradicional… toda esa parte de contacto con el caballo se la pierden, pero, el estar correteando por aquí, poder ver a los caballos y acercarse… eso es otra experiencia distinta».
Con una cierta torpeza me atrevo a llamarla “granjera”, así sin rodeos. Y ella me dice que «sí, absolutamente. Los granjeros son la base del mundo. Aunque yo no me dedique a cultivar la tierra para extraer alimentos, la verdad es que nos dedicamos a producir experiencias que son comida para el alma».
Y como todo es tan bucólico, y yo soy un poco malo (sobre todo por la envidia de no llevar una vida como la suya), le pregunto qué echa de menos de Móstoles. Rápidamente me reconoce lo que ha dejado atrás: «la diversidad, poder elegir restaurantes, ir al teatro…» Aun así, no duda de su elección. yo he elegido esta vida y la elegiría mil veces. «Mi sitio está en mitad del bosque con un caballo».
Incluso mantiene cierto equilibrio gracias a sus raíces en Móstoles: cuando necesita «un chute de civilización», vuelve a ver a su familia y luego regresa a su entorno natural. Recuerda con mucho cariño el Parque Liana, «para mí era un sitio de referencia total. Y también toda la zona de El Soto, la zona del lago… no te digo que soy de campo, pues yo todo donde haya árboles».
Acaba de vivir una Semana Santa con un lleno total. Está feliz pero agotada. Después de un día duro, «cuanto más cansado estás tú, parece que más te ayuda el caballo». Y añade una imagen preciosa que me emociona: «vienen y te dan un topetazo con la nariz como diciendo, venga tía, que ya nos queda poco».
Y así ha transcurrido nuestra charla, primero al trote, en algún momento al galope y luego al paso… disfrutando el camino. Os animo a echar un ojo a su web en este enlace y a buscarla en Instagram.
Y hasta aquí “Móstoleños por España”, devuelvo la conexión a la redacción de mostoleshoy.com.
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