Afectada por la caída de la natalidad y la falta de matrículas. La Escuela Dálmatas de Móstoles cierra definitivamente tras 26 cursos
La Escuela Infantil Dálmatas, situada en la zona de Villa Fontana de Móstoles, afronta el cierre después de 26 cursos acompañando a generaciones de niños del barrio. La noticia ha caído como un jarro de agua fría entre las familias, que aseguran haberse enterado el pasado 28 de agosto de que sus pequeños ya no tendrían centro al que acudir al comenzar la semana. Detrás de la decisión hay una realidad que afecta cada vez más al ámbito educativo: el descenso de la natalidad y la dificultad para mantener abiertas escuelas infantiles cuando no se alcanza un número suficiente de matrículas. Algunas familias recuerdan que sus hijos pasaron por sus aulas y que, años después, también llevaron allí a sus nietos.
La situación también ha abierto un debate entre las familias sobre la evolución de la oferta de educación infantil en Móstoles y el impacto que tiene el descenso de nacimientos. Algunas madres señalan que la disponibilidad de plazas públicas, que consideran insuficiente en determinados momentos, ha cambiado el escenario en el que se movían las escuelas privadas y concertadas de la zona. En este contexto, conseguir las matrículas necesarias para garantizar la continuidad de un centro pequeño se convierte en un desafío especialmente complicado. La propia Dálmatas había tratado de adaptarse durante años con una propuesta flexible, horarios amplios y un proyecto educativo centrado en que los niños aprendieran jugando y experimentando. Ahora, las familias intentan “mover cielo y tierra” para explorar si existe alguna posibilidad de evitar que el centro desaparezca definitivamente.

Una escuela convertida en familia
Durante más de un cuarto de siglo, las educadoras de Dálmatas han visto crecer a cientos de pequeños y han construido vínculos que ahora hacen todavía más dolorosa la despedida. Las familias destacan especialmente la cercanía del equipo, al que describen como un grupo de profesionales que ha acompañado a los niños con cariño y dedicación durante años. Una de las madres que ha trasladado la situación lamenta que la directora haya decidido finalmente no arriesgarse a afrontar un nuevo curso sin garantías de matrícula y con la responsabilidad económica que supondría mantener a sus trabajadoras. “Son familia”, explica al referirse a las profesionales del centro, una expresión que resume el vínculo creado durante tantos años. Para quienes han crecido alrededor de Dálmatas, el cierre no supone únicamente perder una escuela infantil, sino también despedirse de uno de esos espacios cotidianos que terminan formando parte de la memoria de todo un barrio.
El cierre de Dálmatas deja así una imagen difícil de separar de la evolución demográfica de Móstoles: menos niños significan también menos demanda y, en algunos casos, centros que dejan de ser viables económicamente. Para las familias afectadas, sin embargo, las cifras no cuentan toda la historia, porque detrás de cada matrícula hay relaciones construidas durante años y recuerdos compartidos. La escuela se despide después de 26 cursos, pero quienes han pasado por sus aulas reivindican el valor de una comunidad educativa que ha acompañado a varias generaciones. Mientras buscan alguna alternativa que permita mantener vivo el proyecto, las familias quieren que la historia de Dálmatas no termine simplemente con una persiana bajada. Porque en Villa Fontana, para muchos vecinos, aquella escuela infantil ya era parte de la historia cotidiana del barrio.
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