Nueva columna semanal muy interesante de Eduardo Caballero. ¿Quién anda ahí? Móstoles. El fuego

Tengo en el Valle del Tiétar y en buena parte de la Sierra de Gredos la mayor y mejor parte de mis recuerdos adolescentes y de juventud, habiéndome recorrido pueblos y montes con distintos grupos de compañeros, amigos y familia, y disfrutado de vivencias y experiencias que han formado mi identidad. Casavieja, Sotillo, La Adrada, Pelayos de la Presa… y Casillas, que es mi pueblo, el pueblo de mi familia paterna y el lugar donde he tenido unas vivencias extraordinarias desde bien niño. Varios incendios originados en Burgohondo y Sierra Oeste se unificaron la semana pasada en uno bastante virulento que ha venido arrasando la Sierra y el Valle del Tiétar durante días, hasta el punto de que se han visto afectadas tres regiones: Ávila, Madrid y Toledo. En municipios como el nuestro y Alcorcón, los ayuntamientos han emitido recomendaciones sobre el humo que ha contaminado notablemente el aire. Yo mismo tuve que regresar enseguida a casa una tarde que salí a pasear y me encontré con los cielos oscurecidos, el olor a campo quemado y el aire prácticamente irrespirable, afectando seriamente a los pulmones y a la respiración.

Al igual que Alcorcón con centenares de evacuados, Móstoles acogió a cuatrocientas personas durante el fin de semana pasado en los pabellones Paco Sedano, Rafa Martínez y La Loma, procedentes de Fresnedillas de la Oliva y Cadalso de los Vidrios, facilitando todos los recursos para cubrir las necesidades básicas de los evacuados. Además, se habilitaron zonas infantiles, se facilitó atención psicológica, Protección Civil instaló puestos de medicación y se programaron actividades culturales y de ocio. Soy testigo de la eficaz atención que se ha prestado también por parte de los mostoleños a las solicitudes puntuales que se han realizado a través de Redes Sociales para cubrir la necesidad de voluntarios y de ropa interior para niños, por ejemplo. Todas las necesidades expresadas se cubrían en apenas un par de horas, lo que habla de la solidaridad y la unidad que esta Villa ha mostrado siempre en los momentos más difíciles.

Me siento orgulloso de Móstoles, he de decir, por la eficacia y la eficiencia con que ha llevado a cabo todas las acciones desde el primer momento. En el instante de escribir estas líneas, los cuatrocientos vecinos de otras poblaciones acogidos durante setenta y dos horas en Móstoles por los incendios se encuentran de feliz regreso en sus hogares. Una noticia extraordinaria dentro de la grave situación que se sigue viviendo, ya que los incendios se encuentran activos y lejos de controlarse en otros muchos puntos de estas provincias.

He comentado que Casillas era mi pueblo y ha sido un pueblo que, como La Adrada y otros muchos, fue evacuado con la idea presupuesta de dejar que se quemara. En distintos puntos de otras zonas los bomberos abandonaban los puntos calientes y la UME permanecía dentro de sus camiones mientras la gente de los pueblos lidiaba como podía con el fuego para tratar de salvar los centros urbanos, sus pueblos, sus hogares… La mañana del domingo todo parecía en calma, pero esa noche todo empeoró sobremanera y se recibió en Casillas la indicación de evacuar el pueblo. Entre cincuenta y sesenta personas se negaron a abandonar Casillas, la alcaldesa Beatriz Díaz entre ellos, que ha estado siguiendo de manera responsable las indicaciones de las autoridades responsables de la extinción del incendio, coordinando todos los aspectos logísticos en torno a las diferentes labores e informando de manera constante a través de las redes de la evolución diaria de las labores y las indicaciones en vigor. Todas las personas que han permanecido en el pueblo han estado ayudando en el control y extinción de los focos que más amenazaban al pueblo, que ha sido el ejemplo de lucha más visible. Algunos de los evacuados así como casillanos desde otros puntos de Madrid han acudido a los medios de comunicación y han reclamado ayuda desde diferentes frentes. Casillas y el Valle del Tiétar se manifestaron en la Plaza del Sol para reclamar ayuda y que no se dejara arder el Valle. No es coincidencia que se haya comenzado a actuar a partir de esa presión mediática. Casillas comenzó a ser atendida por medios aéreos de extinción (hidroaviones y helicópteros), por Bomberos, Protección Civil y voluntarios. De tener a duras penas un pequeño bulldozer para abrir cortafuegos y despejar de ramas y hojarasca los caminos, así como los medios de que podía contar el consistorio, esta semana contaba con seis bulldozer y con varios recursos técnicos y humanos. El fuego ha comenzado a reducirse desde el momento en que se han intensificado los recursos y con él se ha reducido considerablemente el riesgo de ser arrasado un pueblo entero, con todo lo que ello significa.

Casillas es solo el ejemplo, otros muchos pueblos han llevado esas cartas marcadas y han podido o están pudiendo desmarcarlas. Hace un par de días, alguien contrastaba el mapa de incendios con el mapa de estudios de viabilidad técnica de macroproyectos tecnológicos como es el establecimientos de parques eólicos y resultaba cuanto menos llamativa la coincidencia de las áreas. Si hay algo de esto o similar detrás no llegaremos a saberlo ni podemos afirmarlo, aunque es fácil sospechar por qué la orden inicial que parecían tener Bomberos y UME era la de dejar que todo ardiera, por qué la Comunidad de Madrid impidió a los Bomberos de la Comunidad acudir a ayudar. No podemos negar que, sin pueblos como Casillas y sin el Valle del Tiétar en pie, es probable que la situación se hubiera agravado aún más esta semana, lejos de mejorar, como parece estar haciendo.

«El pueblo salva al pueblo», la proclama más escuchada durante esta tragedia, se ha puesto de manifiesto por un lado en los habitantes tomando acciones para salvar las casas y el centro urbano de su pueblo y, por otro, en los municipios que, como Móstoles, lo han dado todo por atender a los evacuados, sin detenerse en lo imprescindible y yendo aún más allá para hacer lo más liviano posible este tiempo de dolor, sufrimiento y temor por el futuro inmediato.

El Cuerpo de Bomberos se juega la vida en estas luchas; por desgracia, hemos podido comprobarlo en más de una ocasión. Sus familias aguantan la respiración y el alma en un puño que no pueden abrir de nuevo hasta verlos llegar de nuevo a casa. Protección Civil, la UME, la Guardia Civil, los voluntarios… todos hacen más que su trabajo, todos implican su vida personal para salvar no solo vidas sino historias, culturas, emociones, hogares… Los mayores obstáculos y las mayores perdiciones vienen siempre de estamentos que situamos «arriba» cuando demuestran no estar preparados para las alturas. Han estado arriba consistorios y alcaldes como los de Móstoles o Alcorcón, entre otros como los de Talavera de la Reina, Villaviciosa de Odón o Villanueva de Perales; han estado arriba los pueblos que han visto amenazados por el fuego sus casas, su Historia, su cultura y sus hogares. Pueblos como Casillas y La Adrada y como medio Valle del Tiétar.

He de hablar de mi orgullo por mi ciudad, Móstoles, y por mi pueblo, Casillas. El peligro no ha pasado y aún hemos de estar alertas. Móstoles mantiene sus brazos abiertos aún, en previsión de un empeoramiento repentino de la situación. Hay fuegos que, aunque reducidos o incluso sofocados, siguen activos y fuera de control. Esperamos que, ahora sí, haya órdenes claras y recursos para extinguirlos y salvar todo lo que sea posible salvar. Y, puestos a pedir, nos gustaría que esto no quedara aquí y se siguiera luchando por todo lo que rodea esta situación forestal, además de las responsabilidades actuales, que temo se difuminen antes de extinguirse el incendio. Según datos de ICONA, entre 1961 y 1979, una horquilla temporal de diecinueve años hubo 56.660 incendios forestales, lo que se traduce en 2.979 incendios por año. Durante los siete meses que llevamos de año, se han producido 5.500 incendios forestales. Quizá es hora de replantearse algunas leyes que impiden realizar determinadas actividades en verano y por las que han sido multados muchos propietarios rurales; actividades que prevenían de manera directa o indirecta estos incendios. Quizá debería existir una preocupación por llevar población a los pueblos, que van muriendo o quedando para residencias de verano, y deberían incrementarse los recursos destinados a la prevención y extinción de incendios en el monte. Son demasiados quizás, demasiados frentes, como sucede en estos incendios. Todos sabemos que las cosas seguirán como permitamos que sigan. Solo nos quedará siempre dar nuestro agradecimiento a los que están «arriba» sin miedo a las alturas y demostrando que sus prioridades son los demás, así el Ayuntamiento de Móstoles al completo, con todos los partidos políticos y las distintas entidades que lo componen y colaboran con él, y tantos otros consistorios como el casillano. En el momento de cerrar este artículo, los casillanos están regresando escalonadamente a sus hogares y Casillas cuenta con medios de la Junta de Castilla y León, la Diputación de Ávila, Asturias, Murcia, Cantabria, Salamanca y Andalucía, acompañados por los miembros de la Agrupación de Protección Civil-Agentes Colaboradores de Casillas y los voluntarios.

Damos, y creo que hablo en nombre de muchos, nuestro agradecimiento a los que están arriba al pie del fuego: los Cuerpos, los organismos y el personal sin el cual no serían posibles muchos milagros. Y, por supuesto, a todos los que ayudan en retaguardia, incluso más allá de lo imprescindible. Siempre he pensado que es así como se levanta una nación. Unidos y a la altura.

Gracias a todos ellos.

Gracias, Casillas.

Gracias, Móstoles.

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